100 años de la Ley Seca y el nacimiento de la coctelería moderna

Última actualización: 06.08.20

 

En enero de 1920, el Congreso de los Estados Unidos de América aprobó la Enmienda XVIII o Ley Volstead, más conocida en el todo el mundo como Ley Seca o Prohibición, que prohibía la fabricación, venta, distribución e importación de bebidas alcohólicas de todo tipo. Esta ley fue impulsada por los movimientos ciudadanos que abogaban por la prohibición del alcohol, ya que lo consideraban fuente de todos los males de la sociedad de la época.

 

La Ley Seca contemplaba algunas excepciones, como en el caso de los médicos que podían recetar a su pacientes el uso de las bebidas alcohólicas como remedio o el de los actos religiosos, como el vino en el caso de los sacerdotes cristianos y en los rituales judíos del Sabbat.

Como no podía ser de otra forma, la Ley Seca fue polémica desde el principio. Muchos ciudadanos instalaban matrículas a favor de la prohibición con el lema “Uphold”, mientras que otros lo hacían con mensajes en contra como “Repeal 18 th Amendment”. El 16 de enero de 1920, cuando la Ley fue aprobada en el Congreso, el reverendo Billy Sunday reunió a una multitud de 10.000 personas para celebrar el funeral de John Barleycorn, que no era otra cosa que el nombre que se le daba al whisky en argot callejero. En el funeral, el reverendo proclamó que con esta ley, se cerraban las puertas del infierno y que todos los hombres regresarían a casa erguidos y sonreirían a su mujeres e hijos.

Durante la época de la prohibición eran habituales las actuaciones ejemplarizantes, que solían realizarse de forma pública. Por ejemplo, era normal que los agentes de la ley y los miembros de las organizaciones civiles, destruyeran cajas de cervezas y barricas de whisky, al tiempo que se publican fotografías de estos actos con intención propagandística. 

Las fábricas de cerveza de la época se vieron muy perjudicadas por la Ley Seca, ya que la mayoría trabajaba con un sistema de franquicias, mediante el que la marca aportaba todo el mobiliario a cambio de que en el bar solo se sirviera su marca de cerveza. Con la prohibición, las cerveceras se vieron abocadas a la ruina, por suerte en 1920 una marca de cerveza encontró una solución ingeniosa: fabricar cerveza sin alcohol, parecida a los mostos de uva que se bebían en todo el mundo. Por desgracia, aquella primitiva cerveza sin alcohol no fue bien acogida por el público, que seguía prefiriendo la cerveza tradicional.

Pero, a pesar de los esfuerzos de la sociedad y al contrario de lo que pensaba el reverendo Sunday, la Ley Seca tuvo el efecto contrario al que se pretendía y durante los 13 años que estuvo activa, logró que el consumo de alcohol en los Estados Unidos se disparase, al tiempo que provocó la aparición de bandas criminales organizadas que controlaban la importación, la distribución y la venta de alcohol, dando lugar a figuras que han pasado a la historia como la de Al Capone, que ganaron miles de millones de dólares en poco tiempo a través del tráfico de alcohol, expandiendo sus actividades desde las principales ciudades americanas a todo el territorio e involucrando a las autoridades en casos de corrupción, que terminaron por desmerecer los esfuerzos de la Ley Seca.

De todas las ciudades estadounidenses, fue Chicago la que congregó mayor número de organizaciones criminales. Esto se debía a su cercanía con la frontera de Canadá, donde el alcohol era legal. El contrabando de alcohol desde la frontera de Chicago desató una oleada de violencia que sacudió a la sociedad de la época y que ha llegado hasta nuestros días gracias a películas como Los Intocables de Eliot Ness. En los años 20, en Chicago reinaba Al Capone y lo hacía con mano de hierro y mucho plomo, como en la conocida Matanza de San Valentín, en la que el líder mafioso organizó una fiesta de disfraces a la que invitó al jefe mafioso rival, George Bugs Moran solo para asesinarlo.

Junto a estas organizaciones mafiosas, florecieron también los bares clandestinos en los que se servía alcohol, muchas veces de destilación propia, el que llamaban “whisky de bañera”. Estos bares eran conocidos como Speakeasy, que literalmente significa “Habla Bajo” algo que era necesario para no llamar la atención de los policías, y estaban escondidos por Nueva York y Chicago, dentro de sótanos, en urinarios, detrás de puertas secretas o incluso detrás de una cortina. Estos bares clandestinos tenían contraseñas secretas que cambiaban a diario o incluso tarjetas de socio, necesarias para franquear sus siempre vigiladas puertas. Uno de los más conocidos era el Cotton Club, en el barrio de Harlem y que el propio Francis Ford Coppola inmortalizó en el cine con una película que tomaba su nombre.

Pero no todo en esta época tenía por qué ser malo. Aunque, incluso el mejor whisky que se fabricaba en las bañeras y las destilerías clandestinas sí lo era. Aquellos licores caseros eran tan malos y tenían un sabor tan fuerte, que la gente tenía que mezclarlos con otras bebidas para poder soportar su sabor. Y no solo era terrible su sabor, sino que también era peligroso su consumo, ya que estos licores clandestinos se elaboraban sin respetar ninguna medida sanitaria. De esta turbulenta época nos llegaron algunos de los combinados y cócteles más conocidos como el Whisky Sour, el famoso Tom Collins, el clásico Manhattan o el Julepe de Menta.

En Nueva York, bares clandestinos como el Old Town Bar Restaurant tenían reservados clandestinos en los que bebieron escritores como Francis Scott Fitzgerald o Hemingway. Otras celebridades de la época como Buster Keaton o la duquesa de Windsor, preferían el hotel Riviera o el Capri, en La Habana, donde las leyes eran menos restrictivas y donde era habitual que estos artistas y el jet set europeo, se codearan con figuras oscuras como la del gángster Lucky Luciano o Frank Costello.

 

Bibliografía:

Ley Seca, la era de la prohibición en Estados Unidos.

 

 

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